




Por Mónika Klibanski
La editorial Miño y Dávila acaba de publicar Infancia y cultura visual. Los periódicos ilustrados para niños (1880-1910) escrito por Sandra M. Szir, título con el que arranca la colección Historia Argentina y Latinoamericano.
Es justo decir que cuando un investigador, como es el caso de Sandra M. Szir, elige abordar la infancia como un tema de investigación légitimo, dispuesto a trascender miradas ingenuas y edulcoradas, es una señal, un gesto de audacia intelectual.
Tradicionalmente asociada casi exclusivamente a la pedagogía, a la psicología, o a la exploración de herramientas de control y tutelaje, un reducto reservado para los saberes de madres, abuelas y maestras, la niñez no goza de prestigio en las élites académicas. Sin embargo, las ciencias humanas y sociales cuentan con hombres y mujeres que supieron rescatar de los márgenes e instalar la cuestión de la infancia el centro mismo de las luchas políticas y sociales que se desarrollaron a lo largo de la historia de la humanidad.
Cierto es que los lectores nos aproximamos a un nuevo libro provistos de nuestras lecturas previas. Tal vez esto venga a cuento para explicar el caprichoso trazado de una posible trama de lecturas, con las que la obra de Szir podría compartir afinidades y parentescos.
Libros, lectores, y redes de lectura
Acabamos de abrir un nuevo libro, la memoria evoca una serie de disímiles autores que se ocuparon del tratamiento de temas afines a la infancia. Ningún ser humano es extranjero en la patria de la infancia. Los lectores confíamos en esos fantasmas, tejemos y destejemos caóticas telarañas bibliográficas en los estantes de nuestras bibliotecas mentales. Autores y viejas lecturas llaman a nuestra puerta.
En un libro póstumo de Walter Benjamín, titulado: Escritos. La literatura infantil, los niños y los jóvenes, que reúne una selección de trabajos suyos, el filósofo alemán especialmente seducido (como puede leerse constantemente en sus obras) por la magia del mundo de los niños y por la naturaleza infantil se dedica a pensar sobre la educación, los libros para niños, y los juguetes, develando perfiles insospechados de esos universos domésticos y privados de la vida de los niños.
Marc Soriano, Prof. de Filosofía, doctor en Letras e investigador francés se ocupó de estudiar la literatura para niños y jóvenes, ajeno a los abordajes paternalistas escribió dos obras valiosísimas, Los cuentos de Perrault. Erudicción y tradiciones populares; La literatura para niños y jóvenes: Guía de exploración de sus grandes temas, donde nos mostró que ni bien empezamos a balbucear nuestras primeras palabras acunados con canciones de cuna, se están librando las grandes batallas de la cultura y del arte.
Graciela Montes, deudora y continuadora del camino abierto por Soriano, en su obra: El corral de la infancia, analiza con gran lucidez el entrecruzamiento de la historia de la infancia y de la literatura para niños. Montes ahonda en los vínculos más íntimos, más intensos que se traban entre los hombres, las palabras y las cosas. Hace hincapié en las relaciones niño-adulto y las relaciones de grandes y chicos con el mundo real e imaginario para pensar las posibles grietas por donde los chicos pueden encontrar el camino para salirse del corral.
Otros investigadores y estudiosos de la infancia, más focalizados en la escuela y la historia de la pedagogía, como Sandra Carli (Niñez, pedagogía y política. Transformaciones de los discursos acerca de la infancia en la historia de la educación argentina), Roberta Spregelburg (Para una historia de la enseñanza de la lectura y escritura en la Argentina. Del Catecismo colonial a La Razón de mi vida), Gustavo Bombini (Los arrabales de la literatura. La historia de la enseñanza literaria en la escuela secundaria argentina (1860-1960), Paula Guitelman (La infancia en la dictadura), Mirta Varela (Los hombres ilustres del Billiken. Héroes en los medios y en la escuela), Catalina Wainerman y Mariana Heredia (¿Mamá amasa la masa?. Cien años en los libros de lectura de la escuela primaria), entre otros, han publicado más o menos recientemente (a partir de los 90) libros donde vuelcan resultados de su trabajo y sus reflexiones, surgidas a partir del mestizaje de encuadres teóricos, cruzando la pedagogía con todo tipo de aportes de la teoría literaria, la antropología, la etnografía, la sociología de la cultura y la estética del arte, entre otras disciplinas.
Para todos estos investigadores la infancia pareciera no ser un asunto pequeño, y para ellos no basta interrogarnos sobre la cuestión de la infancia únicamente desde una mirada pedagógica. Se vuelve necesario problematizar dicha cuestión desde una perspectiva ampliada, recurriendo a otras ciencias para poder comprender y analizar la multiplicidad de fenómenos que atraviesan la experiencia infantil.
Nuevos libros, nuevas lecturas, nuevos lectores
En este panorama se inscribe la publicación del libro Infancia y cultura visual, de Sandra M. Szir. La autora elige estudiar el surgimiento de los periódicos ilustrados para la infancia, en tiempos de la gran expansión industrial y urbanización capitalista, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Este estudio de la prensa infantil de esa época Szir lo ubica en un contexto marcado por transformaciones sociales, políticas, tecnológicas, económicas y culturales, a las que la infancia no es indiferente.
Sandra M. Szir conjuga en su análisis aspectos de la historia de la cultura, apariencia y características visuales y formales de las publicaciones periódicas, y cuestiones relacionadas con la evolución de normas y prácticas de percepción y consumo de imágenes para el desarrollo intelectual y emocional de los niños.
La autora observa los cambios que operan al comienzo de la era industrial en el mundo cultural de la niñez desde dimensiones múltiples y ricas, contemplando ese escenario en la sociedad europea y norteamericana, pero con especial acento en lo que sucedía por entonces en Argentina. Un contexto en donde se aspira hacia una fuerte generalización de la escolarización y los niños son incorporados a prácticas de consumo.
Los periódicos ilustrados para la infancia asumieron como artefactos culturales una doble responsabilidad, la de divertir y la de instruir a los niños. Esa naturaleza dual, que invitaba a la lectura educativa y simultáneamente recreativa, otorga a este objeto rasgos aún más interesantes, ofreciendo muchas aristas para su estudio.
Tal como se advierte a lo largo del libro Infancia y cultura visual, la autora se apoya en un extenso aparato bibliográfico, que integra armoniosamente los aportes de reconocidos historiadores de la lectura, filósofos y teóricos de las más variadas disciplinas.
Sandra M. Szir nos brinda un detallado y profundo análisis, que acompaña con un numeroso conjunto de imágenes impresas seleccionadas con mucho cuidado, que resultan imprescindibles para comprender en toda su dimensión los alcances del trabajo de investigación de la autora.
Estructurada en tres capítulos: La ilustración infantil, 1886-1887. Imágenes persuasivas, lecciones morales; Diario de los niños, 1898. Las imágenes y las cosas; Pulgarcito, 1904. Señales de masificación en la prensa periódica infantil y la cultura visual, nos ofrece un trabajo riguroso, atractivo y ameno para releer el pasado pero también para leer nuestro presente.