Contratapa - Reseñas bibliográficas
La enfermedad de nuestro tiempo

Autor: Francesco M. Cataluccio
Editorial:Siruela
Año de edición: 2006
ISBN: 84-7844-953-8
Cant. de páginas: 228


Infancia que nos haces tan mal y ni siquiera nos damos cuenta

Por Alejandro Piscitelli

Cada tanto adherimos a una idea o concepto con una fuerza inusitada, defendemos durante largo tiempo posturas que nos parecen valientes y superadoras y de pronto, frente a una observación certera, ante algún geniecillo desconocido que frecuenta con ahínco los subterráneos de nuestros prejuicios, lo que creíamos claro se vuelve más que oscuro, y el concepto que pretendíamos liberador nos encierra en un frasco y nos convierte en adoradores de un fetiche.


En esta ocasión la creencia vapuleada es nuestra confianza excesiva y nuestra defensa más que entusiasta de la noción de infancia, la apuesta por un adulto-niño que rescata de este último su creatividad e impulsividad y, en oposición, nuestra distancia máxima respecto de lo adulto, cáusticamente asociado a pretérito, gastado, anquilosado, conservador, aburrido, mohoso... y los epítetos siguen y siguen hasta agotar un diccionario.


¿Y si las cosas no fueran así? ¿Y si nuestra resistencia al concepto de lo adulto no tradujera (en el peor de los autoanálisis silvestres del que somos capaces) una limitación propia y no ajena? ¿Y si nuestro endiosamiento de la adolescencia y del parvulario no confundiera todo y se regalara al marketing de la cosmética, la cirugía, el ludismo extremo y sobre todo al pasotismo de un inesperado impulso y confraternidad?


Como siempre el primer coscorrón para despertarnos de nuestro sueño dogmático nos fue dado por un autor desconocido, en este caso italiano (los italianos cada vez son más analíticos y sus enfoques se revelan cada vez más valiosos, como es el caso de Massimo Cacciari, Carlo Guinzburg, Franco Rella, Aldo Gargani, Ferruccio Rossi-Landi, Raffaele Simone, para sólo mencionar a algunos grandes que hemos tenido el placer de leer y estudiar en los últimos años).


En este caso se trata de Francesco M. Cataluccio, que publicó en la editorial Einaudi en 2004 una obra titulada Inmadurez. La enfermedad de nuestro tiempo, bellamente traducida por Siruela en el 2006.


Si la obra me llamó tanto la atención no lo hizo tanto en clave autobiográfica (más mía que suya) sino más bien en términos de la inversión de cierto facilismo epistemológico tendiente a hipostasiar la rebeldía juvenil por sí misma, pero que termina al mismo tiempo en una ideología filoadolescente nefasta en varias capas.


Si bien la epidemiología sociológica es un tanto incipiente (nunca digerí demasiado bien la hipótesis de Francisco Delich que caracteriza a la Argentina de los militares como una sociedad enferma, en respuesta a la autocaracterización de los propios militares como médicos de almas), la tesis de Cataluccio merece un exámen considerado.


Para él, entre las numerosas enfermedades del siglo XX la inmadurez se extendió velozmente como un virus hasta convertirse en un auténtico fenómeno de masas. El guiño a la infancia es un monstruo grande que pisa fuerte, los adultos nos vemos empujados a conservar nuestra juventud, a pensar como jóvenes, a comportarnos, a vestirnos y hasta a jugar como ellos, cuando no a amar y a copiar sus proezas sexuales, Viagra mediante.


En una forma desconocida para los griegos, inexplicable para los medievales, vagamente comprendida por el Renacimiento y que recién adquiere una ontología diferencial en el siglo XVIII, ese niño dieciochesco se impuso como paradigma de un ser ideal pero también como un ser que seguirá siéndolo como destino de esta civilización.


El problema es que hasta que me enfrenté con Cataluccio dicha caracterización me parecía correcta, sabiendo que la infancia había sido inventada, tal como nos enseñaron desde perspectivas distintas tanto Philippe Ariès como Elizabeth Roudinesco.


Antes de haber leído a Cataluccio esa invención me parecía no sólo necesaria sino sumamente útil. Así se defendieron los derechos de otro tipo de niño, así se generó una categoría diferencial de niño como no-adulto, así se valoró una faz evolutiva escasamente representada en las conceptualizaciones anteriores al siglo XVIII.


Creyéndonos astutos no hacemos más que jugar a un juego nefasto. Abogando por la infancia no nos dimos cuenta de que habíamos caído en un nuevo ismo, y de que como bien decía Newton lo único que tiene de propio es darle el nombre a una secta: efectivamente, habíamos caído en el infantilismo.


Como buenos émulos de El tambor de hojalata–el párvulo que no quería crecer– hemos visto promocionarse sin fin la voluntad de no crecer. Y sin saberlo, el caballo de Troya responsable de esta actitud hoy tan extendida ha sido el mismísimo cristianismo, una religión del hijo que se ha impuesto a la cultura occidental infundiéndole una visión de la infancia como Bien, Inocencia, Belleza y Felicidad.


Pero esa visión cristiana fue puesta en entredicho desde principios del siglo XX tanto por el psicoanálisis como por Peter Pan, haciéndonos caer en una crisis de la que nunca logró recuperarse la figura del padre.


La tesis del autor, no contento con esta genealogía, va por mucho más. Según él la inmadurez sería la causa de la decadencia del mundo occidental y del nacimiento de los totalitarismos.


Para fundamentar esta tesis el autor hace un recorrido espléndido y variopinto por la literatura, la filosofía y la música, saltando de la iconografía a la poesía sin solución de continuidad. Ya sea criticando al Jugend Style como al mito romántico del origen, a las figuras de El Principito o a la Lolita de Nabokov, el 68 y el rock, la disipación psicodélica de los hippies y la eterna adolescencia de los baby-boomers desfilan por este libro convirtiéndose en indicadores de una seria llamada de atención: este mundo de niños perdidos es caldo de cultivo para nuevos totalitarismos, donde la rebelión contra el padre es sustituida por la rendición al grupo de coetáneos, al que el adolescente no sabe resistirse.
Aunque no debemos caer en el polo opuesto, esta llamada de atención en contra de la inmadurez y que postula su recambio por otros valores menos aniñados y complacientes merece una detallada lectura que tiene la ventaja de la ilustración crítica y el desarrollo de un punto de vista atrevido y nada complaciente.


Otras obras relacionadas, en Contratapa

La cuestión de la infancia/Sandra Carli

Infancia e historia/Giorgio Agamben

Otros recursos en Educ.ar

Espacio de Innovación docente dedicado a la filosofía
Un ámbito para repensar los planteos de la obra de Francesco M. Cataluccio y hacerse nuevas preguntas sobre la noción de infancia y adultez.

Curriculo del autor

Publicado por:Piscitelli | 03-Jul-2006| Ciencias Sociales - Filosofía - Recomendados educ.ar


Comentarios

Si este artículo es mas que acertado, y vasta tan solo detenerse por un instante a ver a nuestro alrededor, la sociedad en general se preocupa en verse joven..,aparentar etapas evolutivas que ya pasaron, sin dar importancia a volores que sí nos hacen falta.


Escrito por: Monica Alejandra Ibañez el: Julio 12, 2006 08:49 PM

Me pareció muy interesante el artículo y ciertamente acertado el enfoque del autor sobre el tema. Lo compartí con compañeros de trabajo y fue un disparador para reflexionar e intercambiar opiniones. Muchas gracias.


Escrito por: Susana Beatriz Ponce el: Julio 13, 2006 08:59 PM

Me agradó muchísimo el artículo publicado sobre la enfermedad en nuestro tiempo. Creo que la inmadurez es uno de los rasgos característicos de nuestra época, por la pérdida de valores como la responsabilidad tan necesaria en la adultez "madura".
Otra falla, que atestigua este tipo de enfermedad actual es la crisis que se da en la familia, la cual no está en condiciones de "ayudar" a madurar dentro de su ámbito, por diversos motivos:stress de padres e hijos, lucha por subsistir, pérdida de respeto hacia los mayores, ausencia de los padres en los momentos que más los necesitan los hijos y sobre todo la falta de confianza y comunicación entre sus miembros.
Espero que podamos llegar a hacer algo por mejorar esta situación tan apremiante que vive nuestra sociedad, hoy.


Escrito por: Teresita Mabel Bueri Atala el: Julio 18, 2006 11:06 PM
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