




Reseña por Cecilia Magadán
Esta serie de entrevistas de Walter Temporelli a Salvador “Pocho” Ottobre ofrece a los lectores la oportunidad de ser oyentes de los temas de conversación y discusiones que tienen lugar en las aulas de la Maestría Internacional en Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona.
En las primeras secciones el libro visita los temas de debate ineludibles –¿ya canónicos?– en el área de las nuevas tecnologías en la educación: los desafíos de hacer televisión infantil, las causas del aburrimiento de los estudiantes en el aula y, particularmente, la interactividad en internet. En el bloque “Yo soy el verso”, Ottobre analiza la educación como construcción narrativa de la realidad; para esto, rescata la palabra como una tecnología imprescindible para el aprendizaje. Finalmente, el volumen incluye un texto autobiográfico, que se complementa con “¿A vos quién te juna?”, la entrevista final que se centra en la vida de Salvador Ottobre. Dos artículos de Ottobre cierran el libro: “Homo Clippens” (acerca de la recepción infantil de imágenes y textos) y “Un clásico: el sapo y la rana” (el relato de una experiencia docente en un curso de posgrado).
En sólo 128 páginas el libro brinda diferentes ocasiones para reflexionar no solamente acerca de las prácticas docentes, sino también de la importancia de la creatividad y de la imaginación en el aula. El texto cae, no obstante, en algunas trampas. En una primera lectura la trampa más difícil de sortear es la confusión de voces. ¿Quién está hablando? ¿El compilador (y entrevistador Walter Temporelli) o Salvador Ottobre? Estas voces entremezcladas –es cierto– se explicarían por uno de los principios del método Ottobre, bien detallados en el prólogo del libro: la co-actividad (“el intercambio permanente, donde los intereses del docente y del alumno van apareciendo y van mezclándose. Al compartir saber aparece conocimiento integrado, y no en pedacitos”, p. 15).
Otros desconciertos que empañan los argumentos del libro (sobre todo en el Capítulo 2) son, por una parte, el uso indistinto de “educativo” y “escolar”, y, por otra parte, la imprecisión de los referentes a los que aluden ciertas construcciones como “los niños de hoy”, “los chicos actuales”, etc. En tanto, un fragmento de la entrevista reproducida en el primer capítulo se centra en las dificultades de definir un perfil de público infantil, puesto que las variables de edad y de clase social rara vez resultan suficientes.
¿Dónde quedó mi tamagochi? sostiene que las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, “si no tienen dirección, aplicación concreta y validación en la sociedad [...] están predestinadas a “tamagochisearse”, es decir, a morir antes de que sepamos para qué nacieron” (p. 79). Este enunciado resume la idea central que, a lo largo de varios fragmentos conversacionales, Salvador Ottobre enfatiza:
—¿Con qué tecnología te sentís más cómodo?
―Con la palabra. Pienso que la voz (junto con el gesto) nunca va a desaparecer como herramienta.
La palabra, la narración, la imaginación y la actuación son los pilares de su método pedagógico: “Las nuevas tecnologías no suplen al hombre en el trabajo creativo, sino que él se vale de ellas para crear” (p. 85). Son otras herramientas más (como la palabra o el papel) al servicio del trabajo en el aula y, por esto, Ottobre sostiene que siempre deben de tener una justificación para su uso.
¿Dónde quedó mi tamagochi? termina en un apéndice sobre las funciones del lenguaje y su aplicación a la obra dramática. Este apéndice está organizado en forma de guía de trabajo para el docente. Siguiendo las sugerencias de Ottobre, el CD ROM que acompaña este volumen podría ser de utilidad para analizar las funciones del lenguaje (según Roman Jakobson y Kerbrat Orecchioni) en los videoclips allí compilados.
En no tantas páginas y varios capítulos, ¿Dónde quedó mi tamagochi? presenta muchas citas sobre grandes teorías y temas de debate (la televisión, los medios, la palabra, las imágenes); citas de reconocidos filósofos, críticos culturales y pedagogos para continuar pensando en todas estas “paradojas de las nuevas tecnologías de (¿en?) la educación”... Por momentos, esta estructura ágil y fragmentaria del libro hace añorar lo que el mismo Salvador Ottobre aprecia: la ausencia de “había una vez...”, porque para motivar y llamar la atención del lector es casi siempre necesario contar una historia.
Dentro de educ.ar podemos encontrar los siguientes recurso educativos: