




Un educador de escuela primaria, un profesor universitario, un experto en temas de cultura, un ciudadano interesado en la educación de sus hijos, un funcionario que tenga en sus manos alguna gestión de tipo cultural, un estudiante, un pensador. Estos son algunos de los perfiles de lectores de Educar en la era planetaria. Casi cualquier ciudadano del planeta, pero muy especialmente si está vinculado con algún tema de educación o de pensamiento podría encontrar interesantes y estimulantes las páginas de esta breve obra y –más aún- podría sentirse interpelado en la convocatoria que encierra el libro tanto por su contenido como por lo que podríamos llamar su modo de producción.
El modo cómo se realizó el volumen no es un dato menor. Es verdaderamente un trabajo global, un producto interdisciplinario, colaborativo, que se desarrolló en un circuito de instituciones internacionales.
El texto fue elaborado a partir de la evaluación de las experiencias de formación y debate recogidas por la cátedra itinerante Unesco “Edgar Morin” para el Pensamiento Complejo en distintos países, principalmente Argentina, Brasil, Colombia, México, España, Francia, Italia y Portugal. En estas experiencias participaron ciudadanos, funcionarios, investigadores, maestros, alumnos universitarios, profesores y expertos. La elaboración dirigida por Morin, contó con la colaboración de Emilio Roer Ciurana, de la Cátedra para la Transciplinariedad de la Universidad de Valladolid, y Raúl Domingo Motta, de la Universidad del Salvador, de Buenos Aries. Estos dos últimos miembros del Instituto Internacional del Pensamiento Complejo en cuya página se pueden encontrar revistas, publicaciones, cursos a distancia y muchos programas más para continuar el trabajo –infinito- sobre los conceptos e ideas.
Así que redes del conocimiento, colaboració, interdisciplinariedad, entre otros atributos, hacen que en este momento cultural el trabajo se inserte como modelo de forma de producción intelectual para el nuevo milenio.
De ninguna manera es el único modelo posible. Se trata de un trabajo centrado en dos pilotes: uno la figura de Edgar Morin, un filósofo con enorme prestigio internacional ganado con su pensamiento y con su historia de vida y otro una fuerte presencia de instituciones nacionales e internacionales fuertes –Unesco- que brindan entre otras cosas el sustento material a esta experiencia.
Lo que queda claro es que este modo de producción dio a luz un producto valioso. El libro tiene tres partes repletas de definiciones, descripciones del mundo (qué esta pasando), propuestas (qué hacer), definiciones y conceptualizaciones (bienvenidas en la confusión teórica y epistemológica de la era global).
En este sentido, el libro se vuelve a imponer como modelo, entendiendo como tal un punto de partida para pensar diferente y en forma propia.
El capítulo primero está dedicado al método. A través de metáforas, fragmentos de poemas, neologismos y definiciones relacionales, los autores van delineando qué es método: un camino que se inventa y nos inventa. El formato textual asociado al método del pensamiento complejo es el ensayo como espacio de las ideas sin certeza pero con fundamento, como forma textual capaz de relatar experiencias intelectuales, dado que el método se concibe como una experiencia trágica. Nada más opuesto a los programas, las planificaciones o los mapas mentales de la práctica pedagógica y académica que el método definido por Morin y los suyos:
“Solamente una visión deficitaria e irreflexiva puede reducir la dimensión múltiple del método a una actividad programática y a una técnica de producción de conocimiento. La elucidación de las circunstancias, la comprensión de la complejidad humana y del devenir del mundo requieren un pensar que trascienda el orden de los saberes constituidos y la trivialidad del discurso académico. Una escritura y un pensar que incorpore la errancia y el riesgo de la reflexión. Hoy la búsqueda del conocimiento es imposible de encasillar en los estereotipos de los discursos y los géneros literarios heredados.”
Pero no todo es tan errante en este camino del pensamiento. Se establecen ciertos principios que regulan el ir y venir, que ponen el orden del desorden pero a través de estructuras descentradas en la línea de la sistémica, el holograma, la retroactividad, la recursividad. Son caminos para encontrar una guía de análisis que no sea una clausura, para encontrar una estructura pero que permanezca abierta.
La segunda parte trata la definición del pensamiento complejo. Para llegar a esta definición los autores nos llevan a pasear por varias esferas: un mirada a la etimología, una breve visita al estudio del uso del término en el español corriente antes de una estancia más prolongada en la teoría del caos, de las catástrofes, la matemática compleja y otros modelos desarrollados por las ciencias duras desde Bohr. A pesar de que pocas cosas hay tan complejas como el mundo social y humano, las ciencias sociales han llegado un poco tarde a esta parte del paseo y sólo pueden hacerlo después de una profunda revisión de operaciones como el determinismo.
La parte III representa el marco político de la propuesta educativa o -a la vez, en un movimiento típico del texto- el marco educativo de la política.
El lector podrá encontrar una de las más bellas definiciones de globalización de la bibliografía sobre el tema. Esta larga –y compleja, por supuesto- definición comienza por cambiar la palabra globalización por planetarización, entendido como un proceso antropológico de inserción simbiótica y extraña de los hombres en el planeta y finaliza especificando este proceso como la aventura de Odiseo.
Pero el trazado de este marco político no peca de ingenuidad. La dimensión del poder atraviesa tanto la presentación histórica –una rápida lectura diacrónica desde el neolítico hasta el siglo XX- como el diagnóstico de situación que sostiene la propuesta.
En determinado momento de la lectura, la propuesta parece el esquema sin salida que tantos pronostican: la globalización puede destruir cualquier posibilidad de comunidad planetaria a través de sus monopolios o desde el reduccionismo económico pero también ofrecer la posibilidad de solución de problemas más graves de la humanidad. Tanto la globalización como la antiglobalización son globales. ¿Cómo salir de este círculo vicioso?
Es aquí done la educación viene a ser la cuña para vencer estas tensiones e inclinar la balanza hacia un mundo con más justicia. Pero esto de la educación no es sólo un enunciado obvio y superficial. Se sostiene en lo desarrollado en as partes I y II y se refuerza con lo aportado en el apéndice (La misión de la ecuación para la era planetaria) que contiene una lista de ejes y estrategias para los educadores. Aunque ya se parecen más a recetas (abundan los “la educación debe…”) se trata de meros ejes, líneas y motivaciones, focos intermitentes, conceptos claves, nodos, redes y otros puntos que se unen en este libro de forma provisoria. Esto es lo que hace que”la educación como salida…” no sea en esta obra el mismo enunciado que leemos en todos lados.
Liderazgo intelectual y fuertes instituciones son las condiciones para que estas páginas fueran posibles. Nunca hubieran sido de esta manera si fueran el fruto del trabajo de un solo pensador. Obviamente, como ya señalamos más arriba, si bien es más que saludable e imprescindible que las instituciones y los grandes nombres trabajen creando estos modelos de producción intelectual global es también conveniente que tengan espacio y lleguen a buen fin iniciativas más pequeñas, espontáneas y marginales. Esta doble acción permitiría potenciar al máximo la productividad del pensamiento global.
Breve diccionario “moriniano”
El pensamiento de Edgar Morin se caracteriza por ser fundador de conceptos e ideas fuerza. Aquí definimos algunos, a veces desde sus propias palabras:
Aprendizaje: Transformación de sujeto. Una revolución en el sentido moderno pero también antiguo del término, el que se usaba para la descripción astronómica del recorrido de los planetas.
Complejidad: Emergencia de procesos, hechos u objetos multidimensionales, multirreferenciales, interactivos (retroactivos y recursivos) y con componentes de aleatoriedad, azar e indeterminación, que conforman en su aprehensión grados irreductibles de incertidumbre. Por lo tanto un fenómeno complejo exige de parte del sujeto una estrategia de pensamiento, a la vez reflexiva, no reductiva, polifónica y no totalitaria/totalizante.
Edad de hierro planetaria: Significa que la humanidad no ha encontrado todavía, el metapunto de vista político que le permita superar la ceguera que conlleva el comprender su devenir histórico actual como un proceso de globalización de los mercados y del sistema capitalista de producción, y no como parte de un proceso mucho más complejo y que globaliza a la globalización, consistente en una especie de progresiva simbiosis entre el destino de la especie y el devenir ecológico y cosmológico del planeta.
Nueva ignorancia: Hay una nueva ignorancia ligada al desarrollo mismo de la ciencia, hay una nueva ceguera ligada al uso degradado de la razón, las amenazas más graves que enfrenta la humanidad están ligadas al progreso ciego e incontrolado del conocimiento. Es necesario tomar conciencia de la naturaleza y de las consecuencias de los paradigmas que mutilan el conocimiento y desfiguran la realidad”.
Planetarización: El término contiene en su raíz etimológica la idea de aventura de la humanidad. Porque la palabra “golpear” en griego comparte la raíz con la palabra griega que quiere decir “errante”, “vagabundo” y con , “planeta”. Esta correlación de significados remiten a la experiencia homérica donde Odiseo (Ulises) en su itinerancia es un ser golpeado, empujado por el rayo de Zeus, que anda errando, agitado y sin rumbo fijo, pero con un objetivo, un fin concreto: llegar a casa.
Tierra patria: Concepto elaborado por Edgar Morin para señalar el lugar de convivencia civilizada de la humanidad en simbiosis con el planeta. Este concepto señala la necesidad de arraigar a la humanidad en el planeta tierra en función de un destino complementario y errante.
En educ.ar se pueden encontrar los siguientes contenidos:
Entre los recursos de internet, recomendamos:
Mi final de epistemología en la carrera de lic. en gestion educativa fue sobre la obra de Edgar Morin.
Leer su obra significa, como docentes, escanear el contexto y plantearnos como debe ser la educación del futuro.
Plantea la importancia de enfrentar las cegueras del conocimiento y en este contexto comprender como influyen el imprinting de la cultura y el desarrollo de la afectividad en la construcción del conocimiento.
El fin de las certezas significa el aprendizaje de estrategias, no que supongan que el medio es estable, sino que permitan afrontar y modificar nuevas informaciones a medida que aparezcan.
Esta incertidumbre es aún mayor en paises como los nuestros donde el hambre mas urgente se constituye en vulnerabilidad. Entonces, la incertidumbre de la vulnerabilidad nos enfrenta como docentes a plantearnos la "ecologia de la acción" como sostiene Morin. Esta consiste en las modificaciones que se experimentan en los medios historicos, social, cultural, etc.
Es mucho lo que se puede escribir sobre Morin. Recomiendo a todos los docentes su lectura.
pues creo que es una obra estupensa por el hecho de que nos enseñan alos jovenes a ver como estamos utlizando nuestra informacion, a investigar mas profundamente las cosas del ambito cotidiano.