




Reseñado por: Cecilia Sagol
En los últimos años, una enorme cantidad de papers, libros y artículos se han dedicado a caracterizar las transformaciones sociales y culturales que se vienen produciendo en las sociedades del mundo a raíz de la introducción de las tecnologías. “La sociedad de la información”, “la tercera revolución informacional”, “la era de la comunicación” han sido algunos de los nombres y conceptos utilizados para definir esta etapa cuya complejidad hace difícil todo intento de conceptualización y definición rápida.
Los lectores afectos a este tipo de temáticas, cada vez que accedemos a un texto dedicamos nuestra atención a descubrir qué dice “además de”, qué plus trae más allá de un diagnóstico de la situación que parece un ritual imposible de eludir en cualquier análisis de la cultura y la sociedad contemporánea.
El texto de Alfonso Gutiérrez Martín Alfabetización Digital, algo más que ratones y teclas, publicado por Editorial Gedisa, no escapa de esa instancia descriptiva. Sin embargo, pronto el lector encuentra la dirección en la que el texto da el salto: se trata de un libro con una propuesta político ideológica, que ofrece una mirada crítica del proceso de transformación. ¿Cómo se realiza esta operación? ¿En qué consiste este valor agregado? La crítica se realiza a través de varios movimientos de diferente nivel de generalidad.
1. En un primer movimiento -que podríamos llamar sociológico-, el autor sitúa el proceso de cambios tecnológicos en el marco de procesos sociales, políticos y económicos que se vienen produciendo en forma paralela. Así, la sociedad de la información se lee en relación con el neoliberalismo y la ley del mercado, la globalización económica, el multiculturalismo y los procesos de exclusión del eje norte-sur.
Esto da lugar a muchos planteos interesantes y no habituales. Por ejemplo, teniendo en cuenta esas variables, el autor revisa el discurso sobre la tecnología haciendo un profundo examen de los supuestos que actúan en él:
“Se considera como principal función de la educación la de reproducir el sistema social y por lo tanto se asume que en los centros educativos los individuos van a aprender estos nuevos dispositivos. Para ello es imprescindible que se introduzcan estos medios en los centros, y se trata de que se vean simplemente como recursos de gran utilidad (no como objeto de un análisis crítico y razonado), sin dar importancia al estudio de sus implicaciones económicas, sociales, culturales, ideológicas, etcétera. Además de representarse como inevitables en la educación se atribuyen a las nuevas tecnologías multimedia como recursos didácticos ventajas que tal vez no posean, y se asume sin más que favorecen el aprendizaje.”
2. Otro movimiento –que podríamos llamar político-educativo y tiene relaciones con el anterior, por supuesto- consiste en exponer una propuesta de CÓMO DEBERÍA SER LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL. Esta propuesta se observa a lo largo de los capítulos en forma más y menos explícita.
Por ejemplo, se encuentran párrafos como el siguiente:
“Del mismo modo que el uso de tecnologías de la información ha servido para generar un modelo de globalización, la alfabetización digital que favorezca la comunicación entre los pueblos, entre las gentes diversas, puede contribuir a formar un modelo alternativo de aldea global, de comunidad internacional. No olvidemos que para ello la alfabetización digital ha de formar parte de una alfabetización múltiple cuyo principal objetivo sea la creación y el disfrute de una sociedad más justa.”
Pero también el texto está lleno de operaciones que dejan ver su aspecto de propuesta, de modelo alternativo en forma más implícita. Por ejemplo, al utilizar conceptos para pensar o caracterizar el proceso, el autor se maneja con una estructura de opuestos:
alfabetización digital instrumental vs. alfabetización múltiple. La primera se plantea como funcional a la sociedad neoliberal, a la provisión de recursos humanos al mercado; mientras que la segunda sería la competencia integral para una sociedad solidaria;
información vs. conocimiento. Hay en los dos primeros capítulos un buen trabajo conceptual sobre esta oposición que involucra conceptos como sobreinformación, mercancía, metainformación, etcétera;
mover ratones y teclas vs. leer y escribir en multimedia. En este marco se
trabaja en forma intensiva y profunda las condiciones de una competencia lectora en la red.
máquinas de enseñar en forma autónoma vs. autonomía del estudiante, que involucra una lúcida crítica a las formas de aprendizaje automáticas, secuenciales y compulsivas.
En los pares de opuestos, el primer elemento es la opción que se plantea en la actualidad y que puede quedar como única si se sigue la lógica del neoliberalismo y la economía de mercado; el segundo es lo deseado, lo que debe ser, el lugar de la propuesta política del libro y también su aporte más rico.
En ocasiones, las oposiciones se complejizan como escalas, como es el caso de los niveles y tipos de interactividad planteados hacia el fin del capítulo 1 y analizados en sus implicancias educativas.
3. El tercer movimiento –menos general y que podríamos denominar historizante- se realiza poniendo en perspectiva histórica este proceso con otras alfabetizaciones. Se muestra cómo se llegó desde el paradigma clásico del siglo XIX –centrado en la literatura y la retórica- al modelo actual, y cómo los cambios se sucedieron en relación con cada modelo económico imperante. En este punto lo que se pone de manifiesto es el poder que otorga la alfabetización a los alfabetizados.
4. En relación con los puntos anteriores, las afirmaciones y explicaciones expuestas en este libro tienen cierto nivel de generalidad. Las ideas van y vienen de lo puntual al proceso general y al revés. Se examinan los cambios tecnológicos desde valores amplísimos como la solidaridad, el bien común y la igualdad y, al revés, desde cuestiones propias de la sociedad de la información se disparan cuestiones de amplia generalidad. Este movimiento, si bien a primera vista es meramente heurístico, en realidad lleva una fuerte carga ética e ideológica.
El mismo concepto central del libro, “alfabetización digital”, se trabaja en el marco de la alfabetización en general. Se recuperan pensamientos como los de Robert Ferguson o Gordon Wells, que definen cómo debe ser la alfabetización. Por ejemplo, Wells es el creador del concepto de “alfabetización total”, que apunta, entre otras cosas, a la idea de que ser alfabeto es la capacidad para leer distintos tipos de textos, de leer en colaboración y en contexto, de leer los mass media y de leer críticamente. Esta idea es el germen para pensar y definir luego la alfabetización digital.
5. Finalmente, hay en el texto un fino trabajo de recopilación de definiciones, conceptos y discursos sobre alfabetización digital. Este movimiento le aportará al lector tanto conocimientos generales sobre el tema como una guía para ordenar y entender la profusa bibliografía de la que hablábamos al principio de la nota, cuya abundancia ha desembocado como es de esperar en un maremágnum de conceptos superpuestos, de polisemias y de homonimias que hace que este aporte pueda funcionar como una saludable hoja de ruta para otras lecturas.