



Autores: Inés
Dussel y Marcelo Caruso
Es en el terreno de lo público y social, como en el espacio íntimo y privado de la subjetividad, del aparato psíquico, del alma, donde se constatan las huellas y marcas que la educación produce en los sujetos y en la sociedad.
La educación tiene en lo escolar su territorio específico, una de las formas de su institucionalización más universales. En ese territorio hay un escenario emblemático, testigo de las múltiples combinatorias que resultan de articular invariancias y cambios, tradición y novedad, repetición e innovación, recuerdos de pasados y sueños de futuro: el aula. En él se despliegan los múltiples guiones que, como actores, producimos educadores y alumnos. En ocasiones repetimos líneas de otros, en muchas otras creamos nuestro propio texto; no siempre nos damos la posibilidad de reflexionar sobre ambos, de pensarlos y pensarnos.
Inés Dussel y Marcelo Caruso nos proponen un libro relativamente inusual, ya que no busca imponer una lectura sino solicitarnos como autores, incorporando extranjeridad a lo cotidiano al venir a dar cuenta de una genealogía que, omitiendo la neutralidad, restituye las múltiples miradas del espacio y de las prácticas que en él transcurren y que, significándolo, se significan.
Detrás de las páginas que cuentan historias, ofrecen conceptos, estimulan ejercicios, invitan a recordar y, fundamentalmente, habilitan para crear, está presente la preocupación por el destino de la pedagogía y por nuestro propio destino. Esta preocupación por una pedagogía, o por pedagogías en plural, que no se presentan como lo ya escrito, sino como “lo dándose” y construido colectivamente, es una invitación a retomar un concepto portador de sentidos y prácticas.
El trabajo de la educación, que es el trabajo de las culturas, el trabajo de transmisión, el trabajo de descubrimiento, el trabajo psíquico de elaboración de conflictos socio-cognitivos y rupturas epistemológicas, requiere una pedagogía que no se resigne, que no ignore sus pasados y ofrezca futuros. Un futuro donde el hombre no sea descartable, donde la técnica y la tecnología estén al servicio del bienestar colectivo y no sean usadas para producir exclusión, las producciones culturales sean un bien de uso común y no un privilegio reservado a algunos, la ética, un componente de la acción.
Estamos seguros de que, como educadores de hoy y educadores de mañana, los lectores encontrarán en este texto elementos para interrogarse, hallazgos para disfrutar, aportes para sus prácticas, criterios para diseñar las residencias, categorías para analizar las observaciones, ejemplos para organizar sus clases, el placer de un trabajo intelectual y muchas pistas para crear sus propios andamiajes conceptuales y compartirlos con otros.