



Autor: Violeta
Nuñez
Con prólogo de Graciela Frigerio, "Pedagogía Social: cartas para navegar en el nuevo milenio", cuenta con una introducción y cinco (5) capítulos.
Éste es un libro imprescindible para metafóricos viajeros, dedicado a los que decidan adentrarse en los territorios de la educación, recorrerlos, eventualmente instalarse en ellos echando raíces y, al mismo tiempo, proponiéndose no renunciar a futuros viajes, entendidos como: la búsqueda de nuevos horizontes, desplazamientos breves o estadías prolongadas para una exploración, la conquista de nuevos sentidos para viejas prácticas y el diseño de prácticas nuevas para antiguos sentidos que no han perdido actualidad ni vigencia.
Los que pensamos que la educación implica trayectos compartidos, el descubrimiento de nuevas tierras (disciplinares, conceptuales, metodológicas) o su redescubrimiento, la invención y el sostenimiento de prácticas "cartas para navegar", encontraremos aquí un texto pleno de pistas, puntos de referencia, trazados posibles en el territorio de la acción social educativa.
Para tiempos complejos, cuyas condiciones no siempre son propicias para el despliegue de las acciones educativas, Violeta Nuñez reinstala rigurosamente una reflexión pedagógica y, con generosidad, sostiene el orden de lo posible ofreciéndonos balizas, faros y azimutales (brújulas para no perder el rumbo).
La autora considera que lo posible no desconoce la dificultad de la tarea, no reniega del pasado, pero fundamentalmente, no excluye la novedad, no exilia al sujeto, incluye al otro y afirma la vigencia de un andamiaje pedagógico que sostiene el despliegue de lo educativo y sus prácticas.
Para nosotros, la educación nuevamente se significa, desde una perspectiva singular, como componente insoslayable de la construcción social y co-productora de subjetividad. Entendemos que tramita varias cuestiones de modos diversos, abordando conocimientos, distribuyendo capital cultural, socializando y asociando distintos saberes (saberes para vivir, para pensar, para crear, para trabajar), diseñando formas organizacionales, incorporando actores, recordando mitos, instituyendo ritos, proponiendo la elaboración de algunos enigmas, ofreciendo inscripciones, tejiendo vínculos (con lo desonocido, con el conocimiento, con los otros, con el mundo).
La educación se presenta así, y en este texto, como un territorio que excede lo escolar, que no se deja apresar en lo organizacional, quen no se limita a una propuesta de estructura (formal e informal) ni se reduce a los contenidos contemplados en las prescripciones curriculares. Sin desconocer la importancia de esos factores (estructura, organización, curriculum), sin desestimar las arquitecturas escolares que son el hábitat de lo intergeneracional, la educación se instituye como el lugar propio y específico de la actividad de transmisión, entendida ésta como el imperativo constante de las sociedades humanas que se reactualiza ante el nuevo milenio: imperativo de inscripción, construcción de identidad, pertenencia y lazo.
Esto significa considerar a la transmisión fuera de la óptica de la clonación, liberarla de la condena al eterno retorno, impedir que sea un simple pasaje tendiente a asegurar la reproducción de lo idéntico. Transmitir supone siempre, tramitar una herencia, esto es (ni más ni menos) dar, al otro, la palabra; enseñar los signos para que el otro, cada otro, signifique, elabore, modifique y construya su propio camino.
En este sentido, mapas conceptuales, bibliografía de referencia, definiciones, instrumentos, desarrollos, síntesis, hipótesis, van constituyendo la trama de este texto, pero Violeta Nuñez aclara que es usted (el lector) quien tiene la última palabra, "esa que aún no ha sido escrita"; por eso, incitando a la propia escritura, cada tanto encontrará espacios en blanco. Esos esperan su letra.